martes, 24 de febrero de 2015

TALLER DE ESPAÑOL CURSO 802.

Lee el texto que aparece en el siguiente enlace y desarrolla la actividad propuesta.

Enlace: https://historiadelaliteraturauniminuto.wordpress.com/2011/11/29/que-es-literatura-prehispanica/

1. Menciona cinco características de la literatura prehispánica.
2. Menciona tres obras importantes de esta literatura.
3. Imagina que tienes un amigo que vive en un país lejano y no conoce nuestro territorio.  Escribe una carta en la que le cuentes aspectos de la literatura precolombina.
Debes tener en cuenta los siguientes datos en tu carta:
- Lugar y fecha.
- Destinatario
- Saludo
- Contenido de la carta
- Despedida
- Firma
4. Lleva a la clase 1/8 de cartulina y colores.
La actividad debes presentarla en hojas tamaño carta dentro de una carpeta.

sábado, 21 de febrero de 2015

PLAN LECTOR GRADO SÉPTIMO

A continuación encuentras un fragmento del primer capítulo del la obra "Los viajes de Gulliver" . Lee atentamente el texto y desarrolla la actividad.

LOS VIAJES DE GULLIVER

Mi padre tenía una pequeña hacienda en Nottinghamshire. De cinco hijos, yo era el tercero. Me mandó al Colegio Emanuel, de Cambridge, teniendo yo catorce años, y allí residí tres, seriamente aplicado a mis estudios; pero como mi sostenimiento, aun siendo mi pensión muy corta, representaba una carga demasiado grande para una tan reducida fortuna, entré de aprendiz con mister James Bates, eminente cirujano de Londres, con quien estuve cuatro años, y con pequeñas cantidades que mi padre me enviaba de vez en cuando fui aprendiendo navegación y otras partes de las Matemáticas, útiles a quien ha de viajar, pues siempre creí que, más tarde o más temprano, viajar sería mi suerte. Cuando dejé a mister Bates, volví al lado de mi padre; allí, con su ayuda, la de mi tío Juan y la de algún otro pariente, conseguí cuarenta libras y la promesa de treinta al año para mi sostenimiento en Leida. En este último punto estudié Física dos años y siete meses, seguro de que me sería útil en largas travesías.
Poco después de mi regreso de Leida, por recomendación de mi buen maestro mister Bates, me coloqué de médico en el Swallow, barco mandado por el capitán Abraham Panell, con quien en tres años y medio hice un viaje o dos a Oriente y varios a otros puntos. Al volver decidí establecerme en Londres, propósito en que me animó mister Bates, mi maestro, por quien fui recomendado a algunos clientes. Alquilé parte de una casa pequeña en la Old Jewry; y como me aconsejasen tomar estado, me casé con la señorita Mary Burton, hija segunda de mister Edmund Burton, vendedor de medias de Newgate Street, y con ella recibí cuatrocientas libras como dote.
Pero como mi buen maestro Bates murió dos años después, y yo tenía pocos amigos, empezó a decaer mi negocio; porque mi conciencia me impedía imitar la mala práctica de tantos y tantos entre mis colegas. Así, consulté con mi mujer y con algún amigo, y determiné volverme al mar. Fui médico sucesivamente en dos barcos y durante seis años hice varios viajes a las Indias Orientales y Occidentales, lo cual me permitió aumentar algo mi fortuna. Empleaba mis horas de ocio en leer a los mejores autores antiguos y modernos, y a este propósito siempre llevaba buen repuesto de libros conmigo; y cuando desembarcábamos, en observar las costumbres e inclinaciones de los naturales, así como en aprender su lengua, para lo que me daba gran facilidad la firmeza de mi memoria.
El último de estos viajes no fue muy afortunado; me aburrí del mar y quise quedarme en casa con mi mujer y demás familia. Me trasladé de la Old Jewry a Fatter Lane y de aquí a Wapping, esperando encontrar clientela entre los marineros; pero no me salieron las cuentas. Llevaba tres años de aguardar que cambiaran las cosas, cuando acepté un ventajoso ofrecimiento del capitán William Pritchard, patrón del Antelope, que iba a emprender un viaje al mar del Sur. Nos hicimos a la mar en Bristol el 4 de mayo de 1699, y la travesía al principio fue muy próspera.
No sería oportuno, por varias razones, molestar al lector con los detalles de nuestras aventuras en aquellas aguas. Baste decirle que en la travesía a las Indias Orientales fuimos arrojados por una violenta tempestad al noroeste de la tierra de Van Diemen. Según observaciones, nos encontrábamos a treinta grados, dos minutos de latitud Sur. De nuestra tripulación murieron doce hombres, a causa del trabajo excesivo y la mala alimentación, y el resto se encontraba en situación deplorable. El 15 de noviembre, que es el principio del verano en aquellas regiones, los marineros columbraron entre la espesa niebla que reinaba una roca a obra de medio cable de distancia del barco; pero el viento era tan fuerte, que no pudimos evitar que nos arrastrase y estrellase contra ella al momento. Seis tripulantes, yo entre ellos, que habíamos lanzado el bote a la mar, maniobramos para apartarnos del barco y de la roca. Remamos, según mi cálculo, unas tres leguas, hasta que nos fue imposible seguir, exhaustos como estábamos ya por el esfuerzo sostenido mientras estuvimos en el barco. Así, que nos entregamos a merced de las olas, y al cabo de una media hora una violenta ráfaga del Norte volcó la barca. Lo que fuera de mis compañeros del bote, como de aquellos que se salvasen en la roca o de los que quedaran en el buque, nada puedo decir; pero supongo que perecerían todos. En cuanto a mí, nadé a la ventura, empujado por viento y marea. A menudo alargaba las piernas hacia abajo, sin encontrar fondo; pero cuando estaba casi agotado y me era imposible luchar más, hice pie. Por entonces la tormenta había amainado mucho.
El declive era tan pequeño, que anduve cerca de una milla para llegar a la playa, lo que conseguí, según mi cuenta, a eso de las ocho de la noche. Avancé después tierra adentro cerca de media milla, sin descubrir señal alguna de casas ni habitantes; caso de haberlos, yo estaba en tan miserable condición que no podía advertirlo. Me encontraba cansado en extremo, y con esto, más lo caluroso del tiempo y la media pinta de aguardiente que me había bebido al abandonar el barco, sentí que me ganaba el sueño. Me tendí en la hierba, que era muy corta y suave, y dormí más profundamente que recordaba haber dormido en mi vida, y durante unas nueve horas, según pude ver, pues al despertarme amanecía. Intenté levantarme, pero no pude moverme; me había echado de espaldas y me encontraba los brazos y las piernas fuertemente amarrados a ambos lados del terreno, y mi cabello, largo y fuerte, atado del mismo modo. Asimismo, sentía varias delgadas ligaduras que me cruzaban el cuerpo desde debajo de los brazos hasta los muslos. Solo podía mirar hacia arriba; el sol empezaba a calentar y su luz me ofendía los ojos. Oía yo a mí alrededor un ruido confuso; pero la postura en que yacía solamente me dejaba ver el cielo. Al poco tiempo sentí moverse sobre mi pierna izquierda algo vivo, que, avanzando lentamente, me pasó sobre el pecho y me llegó casi hasta la barbilla; forzando la mirada hacia abajo cuanto pude, advertí que se trataba de una criatura humana cuya altura no llegaba a seis pulgadas, con arco y flecha en las manos y carcaj a la espalda. En tanto, sentí que lo menos cuarenta de la misma especie, según mis conjeturas, seguían al primero. Estaba yo en extremo asombrado, y rugí tan fuerte, que todos ellos huyeron hacia atrás con terror; algunos, según me dijeron después, resultaron heridos de las caídas que sufrieron al saltar de mis costados a la arena. No obstante, volvieron pronto, y uno de ellos, que se arriesgó hasta el punto de mirarme de lleno la cara, levantando los brazos y los ojos con extremos de admiración, exclamó con una voz chillona, aunque bien distinta: Hekinah degul. Los demás repitieron las mismas palabras varias veces; pero yo entonces no sabía lo que querían decir. El lector me creerá si le digo que este rato fue para mí de gran molestia. Finalmente, luchando por libertarme, tuve la fortuna de romper los cordeles y arrancar las estaquillas que me sujetaban a tierra el brazo izquierdo -pues llevándomelo sobre la cara descubrí el arbitrio de que se habían valido para atarme-, y al mismo tiempo, con un fuerte tirón que me produjo grandes dolores, aflojé algo las cuerdecillas que me sujetaban los cabellos por el lado izquierdo, de modo que pude volver la cabeza unas dos pulgadas. Pero aquellas criaturas huyeron otra vez antes de que yo pudiera atraparlas.
 
ACTIVIDAD.
1. Imprime el texto, luego usando un resaltador señala las palabras cuyo significado no comprendes y sin la ayuda del diccionario trata de dar una definición, escríbela en tu cuaderno.
2. Lee muy bien el texto y llévalo a la clase para socializarlo con tus compañeros.

ACTIVIDAD DE ESPAÑOL CURSO 801.

Lee atentamente el texto y escribe las palabras que aparecen en negrilla en tu cuaderno y escribe su significado
 


LA CULTURA MUISCA


 





Entre los muiscas existía una clara diferenciación de clases; en la cima se encontraba el Zipa, señor de Bogotá y descendiente de la luna y el Zaque, señor de Tunja, descendiente del sol. Después de la nobleza que ocupaba cargos en el gobierno, estaban los sacerdotes o jeques encargados de la comunicación con los dioses; seguían los guerreros, defensores del territorio; después estaba el pueblo tributante, quienes hacían el trabajo agrícola, minero y artesanal; y finalmente estaban los esclavos, generalmente prisioneros de guerra, que servían a veces de víctimas en los sacrificios religiosos.


Para los muiscas, la luz y el agua representaban el principio de la vida. Las lagunas eran santuarios naturales en donde rendían culto a los dioses y les ofrecían rogativas. Rojas plantea que la mitificación del agua se puede deber a que dado que los muiscas eran un pueblo esencialmente agrícola, su sustento dependía de la lluvia y el riego. Esto explicaría su culto al sol y a la luna. Cuando faltaba la lluvia, ofrecían sacrificios a Xué (o Zué) para apaciguar su ira. Chía, la luna, guiaba las siembras con sus fases.


A diferencia de otros grupos precolombinos, entre los muiscas, los hombres y las mujeres encarnaban las fuerzas supremas y solo ocasionalmente intervenía un animal: las culebras representaban la muerte, los pájaros eran portadores de luz y las ranas eran estimadas por su relación con el agua.


En el territorio del norte, en donde regía el Zaque, se creía que los primeros hombres fueron hechos de barro (a semejanza de la mitología judaica) y las mujeres, de hierbas.


Su religión era politeísta y contaban con dioses protectores que estaban en la mayor parte de los actos de su vida. Dentro de su mitología figuran personajes masculinos que representaban la fuerza, el poder y la sabiduría y personajes femeninos que representaban la fertilidad y la continuidad de la vida, pero también la lascivia y tentación: Chía, deidad femenina, era llamada Huitaca por su inclinación a la vida disipada; fue ella quien les enseñó las costumbres insanas.


Algunos dioses eran etéreos mientras que otros tenían figura de hombres; solo uno, Mencatacoa (o Fo), el dios de la chicha, de los pintores, de los constructores y de los tejedores, se representaba con figura de oso o zorro. Entre sus dioses estaban:
- Bachué, la diosa de los muiscas y de las legumbres
- Cuchaviva (o Suchaviva), el arco iris, protegía a las mujeres durante el parto y era el protector de la salud.
-Chiminichagua era el ser supremo y la fuerza creadora.
Tenían templos en donde veneraban a sus dioses, representados en figuras de cera, oro, cerámica o hilo. El templo más conocido por sus dimensiones fue el de Sogamoso, el cual dicen estaba íntegramente alfombrado en fino esparto. Fue incendiado durante una de las incursiones de saqueo de los españoles.




Las ofrendas se depositaban en figuras huecas de cerámica y eran los sacerdotes o jeques los que realizaban los ofrecimientos después de elaboradas ceremonias.
El jeque además de sacerdote, era curandero, labor que realizan con diversas yerbas acompañadas de invocaciones a sus dioses. Su cargo era heredado por los sobrinos, hijos de la hermana. El aspirante al cargo era sometido desde niño a drásticos ayunos y penitencias; le enseñaban la mitología y los ritos y prácticas para realizar las curaciones. Parece que llegaron a practicar complicadas cirugías en el cerebro, con resultados positivos.


Realizaron sacrificios esporádicos como el de los Moxas (Mojas), adolescentes ofrecidos al sol para aplicar su ira, durante las sequías. También tenían costumbre de inmolar niñas en los postes de las construcciones de jeques y caciques.


La organización social muisca se basaba en clanes, en donde estaba prohibido el matrimonio debido a la cercanía de parentesco.


Eran polígamos: la primera mujer era la principal y podía reprender a su marido. Las demás tenían categoría de concubinas.


Los hombres tenían derechos casi ilimitados sobre sus mujeres: podían darlas como obsequio, las enterraban vivas para acompañarlo durante la muerte y eran una de las principales fuentes de trabajo. En la mujer, la infidelidad era castigada con la muerte y en el hombre con una sanción más o menos leve, a menos que el ofendido fuera un personaje principal, en cuyo caso ambos culpables eran ajusticiados.


El matrimonio era un trueque que se realizaba entre el novio y los padres de la joven; se la cambiaba por mantas, cargas de coca y chicha o por venados. Las vírgenes eran rechazadas por el esposo, lo que implica que era permitida y necesaria la libertad sexual entre los jóvenes.


Era importante para los muiscas el paso de la niñez a la pubertad: las niñas eran recluidas en una casa especial y luego culminaban la ceremonia con un baño del río; los hombres celebraban una gran fiesta con chicha.


La música acompañaba todos los sucesos de sus vidas, incluso la guerra.


Para los muiscas, el rojo era señal de luto y muerte, de ahí que las vasijas funerarias estuvieran pintadas de este color.


La sal y las esmeraldas ocuparon el primer renglón en la minería muisca.


La explotación de las esmeraldas la realizaban solo en época de lluvias, explotando las minas de Somondoco, ya que las de Muzo, estaban ocupadas por tribus belicosas. Para los muiscas, las esmeraldas tenían un significado mítico: Según la leyenda, el primer zaque, Goranchacha, salió de una esmeralda que gestó y alumbró una joven de Guachetá por intermedio de un rayo de sol. Las esmeraldas eran colocadas en los ojos, la boca, las orejas y el ombligo de los personajes importantes cuando morían.


Para la explotación de sal hacían largas y angostas galerías y luego extraían los terrores con palos puntiagudos (coas). Para refinarla, utilizaban como técnica, la evaporación.


Los españoles fueron recibidos con miedo por los indígenas, quienes pensaron que eran enviados del sol y la luna para castigarlos por sus pecados. (http://expertconsulting.com.co/Colombia/Muiscas/Muiscas.html)     



A. Escribe un párrafo en el que expliques la importancia de la cultura Muisca como parte de nuestro patrimonio histórico.
B.  Explica con tus palabras el significado de las palabras que aparecen en negrilla.
C. Selecciona cinco oraciones que encuentres en el texto y señala en ella el sintagma nominal y el sintagma verbal.
D. Selecciona tres palabras de la lectura y forma oraciones con cada una de ellas, luego señala la función de cada palabra.
 


 

miércoles, 18 de febrero de 2015

PLAN LECTOR GRADO OCTAVO

Lee uno de los siguientes textos, imprímelo y llévalo para socializar ideas en la clase. Es necesario hacer una lectura juiciosa del texto seleccionado.

1.
Primera Parte. Capitulo II.Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, cantiles (víboras), guardianes de los bejucos.
En seguida fue la venida de los mensajeros de Hun-Camé y Vucub-Camé.
-Id, les dijeron, Ahpop Achih,5 id a llamar a Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú. "Venid con nosotros", les diréis. "Dicen los Señores que vengáis." Que vengan aquí a jugar a la pelota con nosotros, para que con ellos se alegren nuestras caras, porque verdaderamente nos causan admiración. Así, pues, que vengan, dijeron los Señores. Y que traigan acá sus instrumentos de juego, sus anillos, sus guantes, y que traigan también sus pelotas de caucho, dijeron los Señores. "Venid pronto, les diréis", les fue dicho a los mensajeros.
Y estos mensajeros eran buhos: Chabi-Tucur, Huracán-Tucur, Caquix-Tucur y Holom-Tucur,6 Así se llamaban los mensajeros de Xibalbá.
Chabi-Tucur era veloz como una flecha; Huracán-Tucur tenía solamente una pierna; Caquix-Tucur tenía la espalda roja, y Holom-Tucur solamente tenía cabeza, no tenía piernas, pero sí tenía alas.
Los cuatro mensajeros tenían la dignidad de Ahpop-Achih. Saliendo de Xibalbá llegaron rápidamente, llevando su mensaje, al patio donde estaban jugando a la pelota Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, en el juego de pelota que se llamaba Nim Xob Carchah.7 Los buhos mensajeros se dirigieron al juego de la pelota y presentaron su mensaje, precisamente en el orden en que se lo dieron Hun-Camé, Vucub-Camé, Ahalpuh, Ahalganá, Chamiabac, Chamiaholom, Xiquiripat, Cuchumaquic, Ahalmez, Ahaltocob, Xic y Patán, que así se llamaban los Señores que enviaban su recado por medio de los buhos.
-¿De veras han hablado así los Señores Hun-Camé y Vucub-Camé? -Ciertamente han hablado así, y nosotros os tenemos que acompañar.
-“Que traigan todos sus instrumentos para el juego”, han dicho los Señores.
-Está bien, dijeron los jóvenes. Aguardadnos, sólo vamos a despedimos de nuestra madre.
Y habiéndose dirigido hacia su casa, le dijeron a su madre, pues su padre ya era muerto: -Nos vamos, madre nuestra, pero en vano será nuestra ida. Los mensajeros del Señor han venido a llevarnos. “Que vengan” han dicho, según manifiestan los enviados.
-Aquí se quedará en prenda nuestra pelota, agregaron. En seguida la fueron a colgar en el hueco que hacía el techo de la casa. Luego dijeron: -Ya volveremos a jugar. Y dirigiéndose a Hunbatz y Hunchouén les dijeron:
-Vosotros ocupaos de tocar la flauta y de cantar, de pintar, de esculpir; calentad nuestra casa y calentad el corazón de vuestra abuela.
Cuando se despidieron de su madre, se enterneció Ixmucané y echó a llorar. -No os aflijáis, nosotros nos vamos, pero todavía no hemos muerto, dijeron al partir Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú.
En seguida se fueron Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú y los mensajeros los llevaban por el camino. Así fueron bajando por el camino de Xibalbá, por unas escaleras muy inclinadas. Fueron bajando hasta que llegaron a la orilla de un río que corría rápidamente entre los barrancos llamados Un zivan cul y Cuzivan,8 y pasaron por ellos. Luego pasaron por el río que corre entre jícaros espinosos. Los jícaros eran innumerables, pero ellos pasaron sin lastimarse.
Luego llegaron a la orilla de un río de sangre y lo atravesaron sin beber sus aguas; llegaron a otro río solamente de agua y no fueron vencidos. Pasaron adelante hasta que llegaron a donde se juntaban cuatro caminos y allí fueron vencidos, en el cruce de los cuatro caminos.
De estos cuatro caminos, uno era rojo, otro negro, otro blanco y otro amarillo. Y el camino negro les habló de esta manera: -Yo soy el que debéis tomar porque yo soy el camino del Señor. Así habló el camino.
Y allí fueron vencidos. Los llevaron por el camino de Xibalbá y cuando llegaron a la sala del consejo de los Señores de Xibalbá, ya habían perdido la partida.
Ahora bien, los primeros que estaban allí sentados eran solamente muñecos, hechos de palo, arreglados por los de Xibalbá.
A éstos los saludaron primero:
-¿Cómo estáis, Hun-Camé?, le dijeron al muñeco.
-¿Cómo estáis, Vucub-Camé?, le dijeron al hombre de palo. Pero éstos no les respondieron. Al punto soltaron la carcajada los Señores de Xibalbá y todos los demás Señores se pusieron a reír ruidosamente, porque sentían que ya los habían vencido, que habían vencido a Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú. Y seguían riéndose.
Luego hablaron Hun-Camé y Vucub-Camé: -Muy bien, dijeron. Ya vinisteis. Mañana preparad la máscara, vuestros anillos y vuestros guantes, les, dijeron.
-Venid a sentaros en nuestro banco, les dijeron. Pero el banco que les ofrecían era de piedra ardiente y en el banco se quemaron. Se pusieron a dar vueltas en el banco, pero no se aliviaron y si no se hubieran levantado se les habrían quemado las asentaderas.
Los de Xibalbá se echaron a reír de nuevo, se morían de la risa; se retorcían del dolor que les causaba la risa en las entrañas, en la sangre y en los huesos, riéndose todos los Señores de Xibalbá.
-Idos ahora a aquella casa, les dijeron; allí se os llevará vuestra raja de ocote 9 y vuestro cigarro y allí dormiréis.
En seguida llegaron a la Casa Oscura. No había más que tinieblas en el interior de la casa.
Mientras tanto, los señores de Xibalbá discurrían lo que debían hacer.
-Sacrifiquémoslos mañana, que mueran pronto, pronto, para que sus instrumentos de juego nos sirvan a nosotros para jugar, dijeron entre sí los Señores de Xibalbá.
Ahora bien, su ocote era una punta redonda de pedernal del que llaman zaquitoc; éste es el pino de Xíbalbá. Su ocote era puntiagudo y afilado y brillante como hueso; muy duro era el pino de los de Xibalbá.
Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú entraron a la Casa Oscura. Allí fueron a darles su ocote, un solo ocote encendido que les mandaban Hun-Camé y Vucub-Camé, junto con un cigarro para cada uno, encendido también, que les mandaban los Señores. Esto fueron a darles a Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú.
Estos se hallaban en cuclillas en la oscuridad cuando llegaron los portadores del ocote y los cigarros. Al entrar, el ocote alumbraba brillantemente.
-Que enciendan su ocote y sus cigarros cada uno; que vengan a devolverlos al amanecer, pero que no los consuman, sino que los devuelvan enteros; esto es lo que os mandan decir los Señores. Así les dijeron. Y así fueron vencidos. Su ocote se consumió, y asimismo se consumieron los cigarros que les habían dado.
Los castigos de Xibalbá eran numerosos; eran castigos de muchas maneras.
El primero era la Casa Oscura, Quequma-ha, en cuyo interior sólo había tinieblas.
El segundo la Casa donde tiritaban, Xuxulim-ha, dentro de la cual hacía mucho frío. Un viento frío e insoportable soplaba en su interior.
El tercero era la Casa de los tigres, Balami-ha, así llamada, en la cual no había más que tigres que se revolvían, se amontonaban, gruñían y se mofaban. Los tigres estaban encerrados dentro de la casa.
Zotzi-ha, la Casa de los murciélagos, se llamaba el cuarto lugar de castigo. Dentro de esta casa no había más que murciélagos que chillaban, gritaban y revoloteaban en la casa. Los murciélagos estaban encerrados y no podían salir.
El quinto se llamaba la Casa de las Navajas, Chayin-ha,10 dentro de la cual solamente había navajas cortantes y afiladas, calladas o rechinando las unas con las otras dentro de la casa.
Muchos eran los lugares de tormento de Xibalbá; pero no entraron en ellos Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú. Solamente mencionamos los nombres de estas casas de castigo.
Cuando entraron Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú ante Hun-Camé y Vucub-Camé, les dijeron éstos:
-¿Dónde están mis cigarros? ¿Dónde está mi raja de ocote que os dieron anoche?
-Se acabaron, Señor.
-Está bien. Hoy será el fin de vuestros días.
Ahora moriréis. Seréis destruidos, os haremos pedazos y aquí quedará oculta vuestra memoria. Seréis sacrificados, dijeron Hun-Camé y Vucub-Camé.
En seguida los sacrificaron y los enterraron en el Pucbal-Chah, así llamado. Antes de enterrarlos le cortaron la cabeza a Hun-Hunahpú y enterraron al hermano mayor junto con el hermano menor.
-Llevad la cabeza y ponedla en aquel árbol que está sembrado en el camino, dijeron Hun-Camé y Vucub-Camé. Y habiendo ido a poner la cabeza en el árbol, al punto se cubrió de frutas este árbol que jamás había fructificado antes de que pusieran entre sus ramas la cabeza de Hun-Hunahpú. Y a esta jícara la llamamos hoy la cabeza de Hun-Hunahpú, que así se dice.
Con admiración contemplaban Hun-Camé y Vucub-Camé el fruto del árbol. El fruto redondo estaba en todas partes; pero no se distinguía la cabeza de Hun-Hunahpú; era un fruto igual a los demás frutos del jícaro. Así aparecía ante todos los de Xibalbá cuando llegaban a verla.
A juicio de aquéllos, la naturaleza de este árbol era maravillosa, por lo que había sucedido en un instante cuando pusieron entre sus ramas la cabeza de Hun-Hunahpú. Y los Señores de Xibalbá ordenaron: - ¡Que nadie venga a coger de esta fruta! i Que nadie venga a ponerse debajo de este árbol!, dijeron, y así dispusieron impedirlo todos los de Xibalbá.
La cabeza de Hun-Hunahpú no volvió a aparecer, porque se había vuelto la misma cosa que el fruto del árbol que se llama jícaro. Sin embargo, una muchacha oyó la historia maravillosa. Ahora contaremos cómo fue su llegada. (Popul Vuh. Cap. II)


GÉNESIS 1.
La creación
     1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. 3 Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz. 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día.
     6 Entonces dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. 8 Y llamó Dios a la expansión cielos. Y fue la tarde y fue la mañana: el segundo día.
     9 Entonces dijo Dios: Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que aparezca lo seco. Y fue así. 10 Y llamó Dios a lo seco tierra, y al conjunto de las aguas llamó mares. Y vio Dios que era bueno. 11 Y dijo Dios: Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semilla, y árboles frutales que den fruto sobre la tierra según su género, con su semilla en él. Y fue así. 12 Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles que dan fruto con su semilla en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. 13 Y fue la tarde y fue la mañana: el tercer día.
     14 Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años; 15 y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. 16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para dominio del día y la lumbrera menor para dominio de la noche; hizo también las estrellas. 17 Y Dios las puso en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, 18 y para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 19 Y fue la tarde y fue la mañana: el cuarto día.
     20 Entonces dijo Dios: Llénense las aguas de multitudes de seres vivientes, y vuelen las aves sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos. 21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, de los cuales están llenas las aguas según su género, y toda ave según su género. Y vio Dios que era bueno. 22 Y Dios los bendijo, diciendo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. 23 Y fue la tarde y fue la mañana: el quinto día.
     24 Entonces dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género: ganados, reptiles y bestias de la tierra según su género. Y fue así. 25 E hizo Dios las bestias de la tierra según su género, y el ganado según su género, y todo lo que se arrastra sobre la tierra según su género. Y vio Dios que era bueno.
Creación del hombre y de la mujer
     26 Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. 27 Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra. 29 Y dijo Dios: He aquí, yo os he dado toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto os servirá de alimento. 30 Y a toda bestia de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento. Y fue así. 31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día.

martes, 17 de febrero de 2015

PLAN LECTOR GRADO SEXTO

1. Lee los siguientes capítulos del libro "El Principito" y desarrolla la actividad que debe ser entregada en la semana del 23 al 27 de febrero en la respectiva clase.
 
 
El Principito Capitulos 20 y 21
 
Pero sucedió que el principito, habiendo atravesado arenas, rocas y nieves, descubrió finalmente un camino. Y los caminos llevan siempre a la morada de los hombres.
dibujo del principito cuando descubre su camino del libro el principito
 
-¡Buenos días! -dijo.
Era un jardín cuajado de rosas.
-¡Buenos días! -dijeran las rosas.
El principito las miró. ¡Todas se parecían tanto a su flor!
-¿Quiénes sois? -les preguntó estupefacto.
-Somos las rosas -respondieron éstas.
-¡Ah! -exclamó el principito.
Y se sintió muy desgraciado. Su flor le había dicho que era la única de su especie en todo el universo. ¡Y ahora tenía ante sus ojos más de cinco mil, todas semejantes, en un solo jardín!
Si ella viese todo esto, se decía el principito, se sentiría vejada, tosería muchísimo y simularía morir para escapar al ridículo. Y yo tendría que fingirle cuidados, pues sería capaz de dejarse morir verdaderamente para humillarme a mí también… ”
Y luego continuó diciéndose: “Me creía rico con una flor única y resulta que no tengo más que una rosa ordinaria. Eso y mis tres volcanes que apenas me llegan a la rodilla y uno de los cuales quizá esté extinguido para siempre. Realmente no soy un gran príncipe… ” Y tendido sobre la hierba, el principito lloró.
dibujo del principito sobre la hierba en el cuento del principito
 
 
Capitulo 21
Entonces apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
dibujo del principito hablando con el zorro
 
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa “domesticar”?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear vínculos… ”
dibujo del cazador en el libro del principito
 
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor… domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…
dibujo del zorro en el libro del principito
 
El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré así lo que vale la felicidad!. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
-Ciertamente -dijo el zorro.
– Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
-Soy responsable de mi rosa… -repitió el principito a fin de recordarlo.

ACTIVIDAD: 
1. Haz una descripción de tres personajes que aparezcan en e texto.
2. ¿Qué diferencias encontró el principito entre su planeta y la Tierra?
3. En 1/8 de cartulina elabora un aviso de bienvenida a nuestro planeta. Escribe una frase que motive la llegada del Principito.
4.

lunes, 16 de febrero de 2015

ACTIVIDAD DE ESPAÑOL CURSO 802.
La siguiente actividad debe ser presentada en la clase del día Viernes 20 de Febrero.


1.     Lee atentamente el texto y escribe las palabras que aparecen en negrilla en tu cuaderno y escribe su significado

 

LA CULTURA MUISCA

 



Entre los muiscas existía una clara diferenciación de clases; en la cima se encontraba el Zipa, señor de Bogotá y descendiente de la luna y el Zaque, señor de Tunja, descendiente del sol. Después de la nobleza que ocupaba cargos en el gobierno, estaban los sacerdotes o jeques encargados de la comunicación con los dioses; seguían los guerreros, defensores del territorio; después estaba el pueblo tributante, quienes hacían el trabajo agrícola, minero y artesanal; y finalmente estaban los esclavos, generalmente prisioneros de guerra, que servían a veces de víctimas en los sacrificios religiosos.

Para los muiscas, la luz y el agua representaban el principio de la vida. Las lagunas eran santuarios naturales en donde rendían culto a los dioses y les ofrecían rogativas. Rojas plantea que la mitificación del agua se puede deber a que dado que los muiscas eran un pueblo esencialmente agrícola, su sustento dependía de la lluvia y el riego. Esto explicaría su culto al sol y a la luna. Cuando faltaba la lluvia, ofrecían sacrificios a Xué (o Zué) para apaciguar su ira. Chía, la luna, guiaba las siembras con sus fases.

A diferencia de otros grupos precolombinos, entre los muiscas, los hombres y las mujeres encarnaban las fuerzas supremas y solo ocasionalmente intervenía un animal: las culebras representaban la muerte, los pájaros eran portadores de luz y las ranas eran estimadas por su relación con el agua.

En el territorio del norte, en donde regía el Zaque, se creía que los primeros hombres fueron hechos de barro (a semejanza de la mitología judaica) y las mujeres, de hierbas.

Su religión era politeísta y contaban con dioses protectores que estaban en la mayor parte de los actos de su vida. Dentro de su mitología figuran personajes masculinos que representaban la fuerza, el poder y la sabiduría y personajes femeninos que representaban la fertilidad y la continuidad de la vida, pero también la lascivia y tentación: Chía, deidad femenina, era llamada Huitaca por su inclinación a la vida disipada; fue ella quien les enseñó las costumbres insanas.

Algunos dioses eran etéreos mientras que otros tenían figura de hombres; solo uno, Mencatacoa (o Fo), el dios de la chicha, de los pintores, de los constructores y de los tejedores, se representaba con figura de oso o zorro. Entre sus dioses estaban:
- Bachué, la diosa de los muiscas y de las legumbres
- Cuchaviva (o Suchaviva), el arco iris, protegía a las mujeres durante el parto y era el protector de la salud.
-Chiminichagua era el ser supremo y la fuerza creadora.
Tenían templos en donde veneraban a sus dioses, representados en figuras de cera, oro, cerámica o hilo. El templo más conocido por sus dimensiones fue el de Sogamoso, el cual dicen estaba íntegramente alfombrado en fino esparto. Fue incendiado durante una de las incursiones de saqueo de los españoles.



Las ofrendas se depositaban en figuras huecas de cerámica y eran los sacerdotes o jeques los que realizaban los ofrecimientos después de elaboradas ceremonias.
El jeque además de sacerdote, era curandero, labor que realizan con diversas yerbas acompañadas de invocaciones a sus dioses. Su cargo era heredado por los sobrinos, hijos de la hermana. El aspirante al cargo era sometido desde niño a drásticos ayunos y penitencias; le enseñaban la mitología y los ritos y prácticas para realizar las curaciones. Parece que llegaron a practicar complicadas cirugías en el cerebro, con resultados positivos.

Realizaron sacrificios esporádicos como el de los Moxas (Mojas), adolescentes ofrecidos al sol para aplicar su ira, durante las sequías. También tenían costumbre de inmolar niñas en los postes de las construcciones de jeques y caciques.

La organización social muisca se basaba en clanes, en donde estaba prohibido el matrimonio debido a la cercanía de parentesco.

Eran polígamos: la primera mujer era la principal y podía reprender a su marido. Las demás tenían categoría de concubinas.

Los hombres tenían derechos casi ilimitados sobre sus mujeres: podían darlas como obsequio, las enterraban vivas para acompañarlo durante la muerte y eran una de las principales fuentes de trabajo. En la mujer, la infidelidad era castigada con la muerte y en el hombre con una sanción más o menos leve, a menos que el ofendido fuera un personaje principal, en cuyo caso ambos culpables eran ajusticiados.

El matrimonio era un trueque que se realizaba entre el novio y los padres de la joven; se la cambiaba por mantas, cargas de coca y chicha o por venados. Las vírgenes eran rechazadas por el esposo, lo que implica que era permitida y necesaria la libertad sexual entre los jóvenes.

Era importante para los muiscas el paso de la niñez a la pubertad: las niñas eran recluidas en una casa especial y luego culminaban la ceremonia con un baño del río; los hombres celebraban una gran fiesta con chicha.

La música acompañaba todos los sucesos de sus vidas, incluso la guerra.

Para los muiscas, el rojo era señal de luto y muerte, de ahí que las vasijas funerarias estuvieran pintadas de este color.

La sal y las esmeraldas ocuparon el primer renglón en la minería muisca.

La explotación de las esmeraldas la realizaban solo en época de lluvias, explotando las minas de Somondoco, ya que las de Muzo, estaban ocupadas por tribus belicosas. Para los muiscas, las esmeraldas tenían un significado mítico: Según la leyenda, el primer zaque, Goranchacha, salió de una esmeralda que gestó y alumbró una joven de Guachetá por intermedio de un rayo de sol. Las esmeraldas eran colocadas en los ojos, la boca, las orejas y el ombligo de los personajes importantes cuando morían.

Para la explotación de sal hacían largas y angostas galerías y luego extraían los terrores con palos puntiagudos (coas). Para refinarla, utilizaban como técnica, la evaporación.

Los españoles fueron recibidos con miedo por los indígenas, quienes pensaron que eran enviados del sol y la luna para castigarlos por sus pecados. (http://expertconsulting.com.co/Colombia/Muiscas/Muiscas.html)     


A. Escribe un párrafo en el que expliques la importancia de la cultura Muisca como parte de nuestro patrimonio histórico.
B.  Explica con tus palabras el significado de las palabras que aparecen en negrilla.
C. Selecciona cinco oraciones que encuentres en el texto y señala en ella el sintagma nominal y el sintagma verbal.

 

sábado, 14 de febrero de 2015

ACTIVIDAD DE ESPAÑOL GRADO SEXTO.

Lee con atención la siguiente narración, luego desarrolla la actividad.
 
 
HISTORIA DE UNA PRINCESA, SU PAPÁ Y EL PRÍNCIPE KINOTO FUKASUKA
 
Esta es la historia de una princesa, su papá, una mariposa y el Príncipe Kinoto Fukasuka.
Sukimuki era una princesa japonesa. Vivía en la ciudad de Siu Kiu, hace como dos mil años, tres meses y media hora.
En esa época, las princesas todo lo que tenían que hacer era quedarse quietitas. Nada de ayudarle a la mamá a secar los platos. Nada de hacer mandados. Nada de bailar con abanico. Nada de tomar naranjada con pajita. Ni siquiera ir a la escuela. Ni siquiera sonarse la nariz. Ni siquiera pelar una ciruela. Ni siquiera cazar una lombriz. Nada, nada, nada. Todo lo hacían los sirvientes del palacio: vestirla, peinarla, estornudar por... –atchís–, por ella, abanicarla, pelarle las ciruelas. ¡Cómo se aburría la pobre Sukimuki!


Una tarde estaba, como siempre, sentada en el jardín papando moscas, cuando apareció una enorme Mariposa de todos colores. Y la Mariposa revoloteaba, y la pobre Sukimuki la miraba de reojo porque no le estaba permitido mover la cabeza.
–¡Qué linda mariposapa! –murmuró al fin Sukimuki, en correcto japonés.
Y la Mariposa contestó, también en correctísimo japonés:
–¡Qué linda Princesa! ¡Cómo me gustaría jugar a la mancha con usted, Princesa!
–Nopo puepedopo –le contestó la Princesa en japonés.
–¡Cómo me gustaría a jugar a escondidas, entonces!
–Nopo puepedopo –volvió a responder la Princesa haciendo pucheros.
–¡Cómo me gustaría bailar con usted, Princesa! –insistió la Mariposa.
–Eso tampococo puepedopo –contestó la pobre Princesa.
Y la Mariposa, ya un poco impaciente, le preguntó:
–¿Por qué usted no puede hacer nada?
–Porque mi papá, el Emperador, dice que si una Princesa no se queda quieta, quieta, quieta como una galleta, en el imperio habrá una pataleta.
–¿Y eso por qué? –preguntó la Mariposa.
–Porque sípi –contestó la Princesa–, porque las Princesas del Japonpón debemos estar quietitas sin hacer nada. Si no, no seríamos Princesas. Seríamos mucamas, colegialas, bailarinas o dentistas, ¿entiendes?
–Entiendo –dijo la Mariposa–, pero escápese un ratito y juguemos. He venido volando de muy lejos nada más que para jugar con usted. En mi isla, todo el mundo me hablaba de su belleza.
A la Princesa le gustó la idea y decidió, por una vez, desobedecer a su papá.
Salió a correr y bailar por el jardín con la Mariposa.
En eso se asomó el Emperador al balcón y al no ver a su hija armó un escándalo de mil demonios.
–¡Dónde está la Princesa! –chilló.
Y llegaron todos sus sirvientes, sus soldados, sus vigilantes, sus cocineros, sus lustrabotas y sus tías para ver qué le pasaba.
–¡Vayan todos a buscar a la Princesa! –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.
Y allá salieron todos corriendo y el Emperador se quedó solo en el salón.
–¡Dónde estará la Princesa! –repitió.
Y oyó una voz que respondía a sus espaldas:
–La Princesa está de jarana donde se le da la gana.
El Emperador se dio vuelta furioso y no vio a nadie. Miró un poquito mejor, y no vio a nadie. Se puso tres pares de anteojos y, entonces sí, vio a alguien. Vio a una mariposota sentada en su propio trono.
–¿Quién eres? –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.
Y agarró un matamoscas, dispuesto a aplastar a la insolente Mariposa.
Pero no pudo.
¿Por qué?
Porque la Mariposa tuvo la ocurrencia de transformarse inmediatamente en un Príncipe. Un Príncipe buen mozo, simpático, inteligente, gordito, estudioso, valiente y con bigotito.
El Emperador casi se desmaya de rabia y de susto.
–¿Qué quieres? –le preguntó al Príncipe con voz de trueno y ojos de relámpago.
–Casarme con la Princesa –dijo el Príncipe valientemente.
–¿Pero de dónde diablos has salido con esas pretensiones?
–Me metí en tu jardín en forma de mariposa –dijo el Príncipe– y la Princesa jugó y bailó conmigo. Fue feliz por primera vez en su vida y ahora nos queremos casar.
–¡No lo permitiré! –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.
–Si no lo permites, te declaro la guerra –dijo el Príncipe sacando la espada.
–¡Servidores, vigilantes, tías! –llamó el Emperador.
Y todos entraron corriendo, pero al ver al Príncipe empuñando la espada se pegaron un susto terrible.
A todo esto, la Princesa Sukimuki espiaba por la ventana.
–¡Echen a este Príncipe insolente de mi palacio! –ordenó el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.
Pero el Príncipe no se iba a dejar echar así nomás.
Peleó valientemente contra todos. Y los vigilantes se escaparon por una ventana. Y las tías se escondieron aterradas debajo de la alfombra. Y los cocineros se treparon a la lámpara.
Cuando el Príncipe los hubo vencido a todos, preguntó al Emperador:
–¿Me deja casar con su hija, sí o no?
–Está bien –dijo el Emperador con voz de laucha y ojos de lauchita–. Cásate, siempre que la Princesa no se oponga.
El Príncipe fue hasta la ventana y le preguntó a la Princesa:
–¿Quieres casarte conmigo, Princesa Sukimuki?
–Sípi –contestó la Princesa entusiasmada.
Y así fue como la Princesa dejó de estar quietita y se casó con el Príncipe Kinoto Fukasuka. Los dos llegaron al templo en monopatín y luego dieron una fiesta en el jardín. Una fiesta que duró diez días.. Así acaba, como ves, este cuento japonés.
(Autora: María Elena Walsh).
 
ACTIVIDAD.
1.  Elabora un cuadro o un esquema en el que menciones los siguientes elementos de la narración:
 tema central del cuento, Personajes, tiempo, espacio.
2. En un párrafo escribe un final distinto para esta narración.